Ultimo día de Libertad de las Comunidades Originarias
Santos Anacleto Mamani, miembro de la comunidad Kilmes, agregó: "El saqueo continúa y quienes lo hacen son los mismos que antes nos quitaron nuestras tierras. Esperamos entrar en el cambio donde un originario toma las decisiones de esa nación”. Fue en el marco del contrafestejo que su comunidad organizó en la plaza principal de Quilmes, por un año más del genocidio de los pueblos originarios en manos de los colonizadores, y que compartieron con otras comunidades aborígenes de Argentina.
Por Adrián Pérez
Fotografía de Agencia NAN
“Venimos a preguntarle a la patria, a nuestra patria, ¿por qué nos dejó ahí tantos y tantos años? ¿Por qué nos dejó ahí con tantas muertes? Y queremos preguntarle otra vez, a través de ustedes, ¿por qué es necesario matar y morir para que ustedes, y a través de ustedes, todo el mundo, escuche a Ramona -que está aquí- decir cosas tan terribles como que las mujeres indígenas quieren vivir, quieren estudiar, quieren hospitales, quieren medicinas, quieren escuelas, quieren alimentos, quieren respeto, quieren justicia, quieren dignidad?”
Subcomandante Marcos, Diálogo para la Paz, México DF, 23 de febrero de 2004.
Buenos Aires, octubre 12 (Agencia NAN-2009).- Quince años han pasado desde que Marcos, junto a sus compañeras y compañeros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se manifestaron por la autodeterminación y la libertad de los pueblos originarios de México, que fueron sólo algunos de todos los que habitaban América Latina y que sufrieron la garra colonizadora. Son muchos más, 517, los años que separan el hoy del comienzo del “plan colonialista y genocida de expansión mundial del hombre blanco” que avasalló los derechos de esos pueblos. Esos mismos pueblos, negados sus reclamos, invisibilizados por los medios de comunicación y los textos históricos; echados de sus tierras ancestrales por proyectos inmobiliarios o estancieros terratenientes, son los que salen a la calle cada 11 de octubre a conmemorar el último día que vivieron en libertad. La Plaza San Martín, en Quilmes, fue escenario de uno de los tantos contrafestejos realizados por representantes de aquellos pobladores en el país.
Allí, Santos Anacleto Mamani contó cómo sus antepasados de la comunidad originaria kilmes llegaron al actual partido que lleva su nombre hace 334 años, arrancados de Tucumán, sus tierras nativas: “Los trajeron caminando desde los Valles Calchaquíes hasta el Río de la Plata, arriados como rebaño de ovejas. La mitad de mis hermanos quedaron en Córdoba. Y son ellos quienes me dan la fuerza espiritual para que yo pueda hablar y para rescatar los derechos y la cultura de los pueblos originarios”.
-- ¿Qué significado tiene el contrafestejo?
-- Para nosotros, el 11 de octubre representa el último día de libertad de los pueblos originarios del Hemisferio Sur. El saqueo continúa y quienes lo hacen son los mismos que antes nos quitaron nuestras tierras; es como si todavía estuviéramos en los tiempos de la colonia, pero con otro sistema. La electricidad, el gas, el transporte, el agua, todos los recursos son manejados por los extranjeros.
-- ¿Qué espera su pueblo?
-- Esperamos entrar en el cambio como el hermano pueblo de Bolivia, donde un originario toma las decisiones de esa nación. Esperamos que no nos saqueen de esta forma nuestros empleados (gobernadores, intendentes, concejales), que no son quienes para hacer los que ellos quieran. ¿Cómo puede ser que tengamos que pagar el gas y la electricidad tan caro? En Catamarca, la explotación minera de la empresa La Alumbrera contamina mientras se lleva todos los metales que saca. ¿El Estado no ve eso? Los pueblos originarios estamos muertos de hambre; nos corren a un rincón y no nos dan derecho a vivir de la naturaleza, como lo hacíamos antes en Formosa, Chaco, en el norte de Salta o en el Sur. Cada gobierno de turno ha vendido nuestros terrenos, sin orden del pueblo. Es el pueblo el que manda.
El diálogo con Mamani transcurre en la tarde del 11 de octubre, en el marco de un acto que tuvo como objetivo “reafirmar el orgullo de saberse originarios de esta tierra”, y que fue compartido con miembros de otras comunidades hermanas: guaraníes, tobas y aymaras socializaron --junto a los kilmes-- la tarde con tortas fritas y mate cocido. Mamani y sus compañeros se ubicaron en la plaza principal de Quilmes, a metros de una placa que recuerda a Isabel Palladay, la primera mujer cacique del pueblo al que pertenecen y que se convirtió en su referente luego de la misteriosa muerte de su hermano, Martín Inquien, un excelente nadador que se ahogó en el Río de la Plata.
En esa misma localidad del sur del Conurbano, en 1666, se fundó la reducción de Santa Cruz de los Quilmes, adónde los miembros de esa comunidad fueron enviados a pie desde Tucumán por orden del catalán Alonso de Mercado y Villacorta, funcionario español de la Gobernación del Río de la Plata y gobernador de Tucumán entre 1664 y 1770, para darles un escarmiento por su resistencia al dominio español.
En esa misma plaza, frente a la Catedral, un monolito se levanta en homenaje a los kilmes que allí fueron enterrados. Una copla recientemente grabada en uno de sus laterales reza: “En el sendero de Kilmes hay una piedra que late, es la sangre derramada que desde abajo combate”. Y en letras negras, otra inscripción un poco más antigua, dice: “Huaca sagrada (N.d.R: huaca significa 'espacio sagrado' en quechua), en homenaje al Indio Kilme, 1666-1999”. En su extremo superior se alza la wiphala, emblema que cobija a los pueblos originarios y que en su multicoloridad identifica, con cuarenta y nueve espacios, los siete colores del arco iris. “Nosotros nos resistimos a que se llame bandera porque eso significa bando, división y eso significa sector”, aclara Pablo Quibal, descendiente de aymaras que llego desde Jujuy en la década de 1970 para constituir la comunidad originaria kilmes.
Sobre el encuentro en la plaza quilmeña, Quibal entiende que esta allí para “difundir la verdadera historia; la historia no escrita de nuestros pueblos que tiene que ver con la relación con la naturaleza, como pueblos indígenas, y con la crisis del capitalismo y de la civilización. Por eso la importancia de la influencia cósmica para poder explicar todo esto”.
-- ¿A qué se refiere con la influencia cósmica?
-- Es la influencia y la energía de la naturaleza que se manifiesta cuando suben las mareas o cuando una mujer esta por dar a luz; y que se observa sobre la vida vegetal o la vida animal. Como grandes agricultores que necesitaban conocer la humedad o cuándo un año iba a traer la sequía, nuestros pueblos fueron grandes observadores del cosmos. Y por eso comenzaron a idear códigos, figuras, signos que, más allá de que no tengamos escritura, fueron dibujados sobre diferentes superficies. La vida es sagrada y todo lo que la sostenga también lo es, como el agua, el aire, los árboles; cualquier ser viviente es sagrado porque forma la cadena biológica. Los pueblos originarios nos enseñan que el hombre pasa a ser parte indesligable del cosmos. Cuando se instaló el patriarcado en Europa, se terminó con la diversidad de dioses que únicamente el matriarcado puede sostener. A su vez, el monoteísmo masculino pisotea la concepción de naturaleza y divide al hombre de la mujer, y como consecuencia genera el individualismo, el machismo y la propiedad privada. En definitiva, eso da pie al surgimiento del capitalismo que nos está llevando a la aberración cultural y a la destrucción de la vida y la naturaleza.
El cierre del contrafestejo llegó cuando mujeres y hombres se organizaron en un semicírculo, debajo de una frondoza arboleda. Con la mirada puesta hacia el cielo, alzaron sus manos y ofrecieron puñados de coca al Tata Inti (Dios Sol en quechua). A 517 años del “Descubrimiento de América”, las constantes demandas de los pueblos originarios no han tenido respuesta alguna.
Centro Cultural Comunidad Originarios Quilmes: http://www.originariosquilmes.com.ar
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